Conocé a Camila Selser: el amor adolescente de Harry

Camila Selser

Ayer en Perros de la Calle, Harry confesó uno de los mayores amores que tuvo durante su adolescencia: Camila Selser, actriz nicaragüense a la que le dedicó un poema romántico en pleno programa.

Pero la cosa no quedó ahí. La magia de la radio logró que Camila se comunicara con el programa y se diera lo que Harry esperó durante tanto tiempo: conocer a la actriz y poder confesarle que estaba perdidamente enamorado de ella.

¿Lo que muchos se preguntaron a raíz de esta confesión es quién es realmente Camila Selser? Nació en Nicaragüa pero vivió gran parte de su vida en México. Saltó a la fama por ser parte de la tira adolescente Soy Tu Fan donde interpretó a Niní. Pero además tuvo un rol protagónico en Sr. Ávila de HBO.

A Camila la une mucho más que el amor de Harry con Argentina. Sus abuelos son argentinos, el padre cubano y su madre nicaragüense -fue parte del programa de alfabetización y estuvo cerca de la Revolución Sandinista. “La enorme fortuna de nacer ahí (en Nicaragua). Mi padre es cubano así que me atrevo a decir que soy una mujer orgullosamente latina” contó Selser en una entrevista.

Su aparición más reciente fue en el útlimo videoclip de Juanes titulado Fuego donde comparte escenas junto al cantante, Joan Smalls —un ángel puertorriqueño de Victoria Secret— y Renato López, actor mexicano.

Te dejamos el poema completo que Harry le dedicó a Camila Selser:

“Esta es la historia de un adolescente que no estaba preparado para tanto. Cuando la conoció vivía con sus padres en un departamento de La Boca y transitaba sus 14 años tironeado entre la presión hormonal y una inseguridad invencible que lo liciaba como seductor. Respetuoso aún de la voluntad paterna, esa noche se había quedado en casa para cenar con un matrimonio de amigos de sus padres. Habían viajado desde México para que sus dos hijas conocieron la tierra de su madre y aprovecharían la ocasión para reencontrarse con viejos amigos. Cuando llegaron, las empanadas caseras de su madre ya humeaban en la mesa del comedor. Él salió de su habitación de mala gana y recorrió la escena. Su madre se abrazaba con su amiga inmigrada, su padre se daba un apretón de manos con el marido. La hija menor, de unos 10 años, miraba con interés los tapices del living y la hija mayor detuvo el tiempo para siempre. Natalia Camila, pero prefería usar su segundo nombre, tenía acento mexicano pero era nicaraguense, hija de un argentino y un cubano. Sus ojos verdes eran cristalinos como el Caribe y grandes como el Río de la Plata, y como el Río de la Plata debían llorar agua dulce en el inverosímil caso que alguien los hiciera sufrir. La piel de Camila era de cobre y cuando el adolescente vio como se tensaba en el ángulo de sus pómulos y cómo se arqueaba en la comisura de sus labios sintió frío y miedo. No estaba preparado para tanto. Los labios de Camila sonrieron, todo su cuerpo sonrió. Y mientras se acercaba a la mejilla del adolescente para saludarlo él tuvo la sensación de que nunca podría acercarse tanto a labios como esos. Camila llevaba el pelo castaño suelto y se lo acomodó con calma detrás de una oreja de curva suave. Tenía una camisa a cuadros que dejaba ver el ombligo y un pantalón corto de jean. Quiso conocer el cuarto del adolescente. Él debe haber parecido tan confundido que ella confiada y divertida se abrió paso sola. ‘Ah, te gusta Iron Maiden. Los vi hace un mes en México’, dijo la niña mujer más hermosa del mundo al ver un poster en la pared y se quedó a vivir por siempre en ese cuarto. Su recuerdo al menos, porque al adolescente le hubiera gustado secuestrarla y morir ahí con ella pero casi no le habló en toda la noche. El adolescente, fanático de la mitología griega desde chico, nunca había entendido quiénes eran esas mujeres por las que los dioses se dignaban a bajar del olimpo, esas que hacían que las diosas enfurecidas de celos arrasaran campos e incendiaran pueblos. Nunca había entendido quiénes eran hasta que conoció a una”.