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Jack White: así fue su show en Lollapalooza Argentina

Jack White: así fue su show en Lollapalooza Argentina

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Música 22 Mar

En su primer show como solista en Argentina, el héroe el rock actual dio un espectáculo inolvidable y lleno de sorpresas.

No pasó ni un minuto entre el cierre de Robert Plant y el encendido de luces en el Main Stage 1 del Lollapalooza. Basta un riff para reconocer al gran artista de la noche: es Jack White, referente de todo guitarrista y por qué no de todo músico, el artista que arrasa con cada proyecto y cuyo nombre se posicionó como héroe el rock actual.

Jack White abrió su show con uno de los temas de Lazaretto, su reciente segundo disco solista: Just One Drink. La ovación era inevitable. Todavía una multitud corría desde el escenario vecino, convirtiéndose el músico de Detroit en el foco de atención de miles y miles de personas. Y también su banda, claro, pero ya vamos a reparar en eso.

Cómo olvidar a The White Stripes, banda que lo vio alcanzar el éxito en los inicios de la década 00′. Dead Leaves and the Dirty Ground, del tercer disco del dúo que supo tener con la baterista Meg White, fue la segunda canción del set. Y casi sin frenar entre tema y tema, el músico combinó tracks de Lazaretto – incluyendo el hit que le da el nombre al disco – y agregó uno de The Racounters. Recién saludó a Argentina tras versionar Baby Blue de Gene Vincent.

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Simpático, verborrágico, la impresión que daba Jack White no estaba para nada lejos de lo predecible. Presentó Hotel Yorba, otro de los cortes de White Blood Cells, ya sin saco, con la guitarra de caja y tiradores bien al estilo country. Con la energía característica, tocó un puñado de temas de sus dos discos solistas, cayendo en Blunderbuss, aquel himno de su debut de 2012.

No está de más mencionar que el tracklist era impredecible… y quizás por eso sus músicos lo miraban tanto cada vez que terminaba una canción. La banda detrás de este espectáculo – o como bien dijo Jack, ‘mi equipo’ – es un séquito de gran talento y lo sigue a la perfección. Cualquiera podría afirmar que un show como este no hubiese sido el mismo sin Daru Jones en la batería, un virtuoso de los platos que deslumbró con su actuación. Ni sin la violinista, que también aporta voces y rasguea su instrumento dándole un sonido único a cada tema.

Las pocas pero tan amables palabras del músico parecían salirle sin respirar, “Gracias por recibirme. Este es mi lugar favorito en Sudamérica”. Más de uno habrá sentido la piel erizada, pero no por el frío que comenzó a hacer en Buenos Aires poco antes de que comience el espectáculo.

We’re Going to be Friends y I’m Slowly Turning Into You fueron otros de los tracks de The White Stripes que Jack eligió para Argentina.  Y tras un cover de Elvis – Power of My Love – y un pequeño descanso, llegó la sorpresa…

Robert Plant estaba en el escenario. Ya venían compartiendo festivales en esta gira pero no, hasta el momento no había pasado. El cantante inglés se sumó para hacer The Lemon Song, el clásico de Led Zeppelin, en lo que fue un auténtico tributo al rock and roll. Eran dos leyendas del género, con tres décadas de separación.

De ahí en más sonaron Ball and Biscuit y Sixteen Saltines, seguidas por la clásica Steady, as She Goes de The Racounters, para la que Jack pidió ayuda al público con los coros. El espectáculo iba llegando al final, aunque la multitud rogara que nunca termine…

Es un show de rock tan perfecto como enérgico, como interesante por el simple hecho de apreciar en vivo y en directo a un personaje tan talentoso como Jack White.

Y ahí estaba la multitud para escucharlo a él, a los White Stripes, a The Racounters, porque White es tan solista como dueño de himnos y melodías que fue dejando en sus diversos proyectos. Little Bird sonó en todo San Isidro y para terminar, claro, Seven Nation Army.

“Gracias, ustedes fueron geniales… y yo fui Jack White”.

¿Existe la objetividad a la hora de escribir algo como esto? Aquellos que se consideren amantes del rock – y de la música en general – lo van a entender. Objetivos somos: ¡tremendo show!

Por Natalia Grego

Fotos por David Swanson

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