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Perros de la calle

Reseña: Madonna en River

Reseña: Madonna en River

14 Dic

La mayor diva del pop de todos los tiempos visitó nuestro país, y Perros de la Calle estuvo allí. Ok, no hay ningún mérito, ya que alrededor de 200.000 personas estuvieron allí, pero no podíamos faltar.

El show prometía ser impactante, especialmente desde lo visual, y la fama de Madonna dejaba claro que, al menos, no iba a ser un fiasco. Y efectivamente, el despliegue es impecable. Algunos dirán: “con lo que costaban las entradas, es lo menos que se podía esperar”, y tienen razón, pero a los que entramos gratis eso no nos importa. Así que decidimos usar nuestro tiempo para buscarle el pelo al huevo.

Lean acá el comentario del show.

Madonna, que ya había especificado que no saldría al escenario mientras hubiese luz diurna, arrancó el encuentro a las 21:45 con “Candy shop”. El comienzo del tema ya hacía imaginar cómo sería el resto del show: despliegue épico, muchísimo trabajo visual, sonido cristalino.

Y ahí está ella, sentada en su trono, bailando por todo el escenario, enfiestándose en un Rolls Royce, calentando chongos y besando chicas. Contrariamente a lo que podría haber sido previsible, si bien el público estalló cuando se apagaron las luces, la comunión que los llevaría al éxtasis danzante tardó mucho en terminar de ponerse a punto. Para ser claro, no vi mucha gente bailando hasta “Music”, que fue el noveno tema.

Mientras las coreografías me hacían pensar más en una clase de aerobics en algún club playero, las versiones remixadas de todos los temas parecían más armadas para Creamfields que para un recital propiamente dicho.

En otro orden de cosas, Madonna tiene una voz genial. Pero la usa poco, poco, poco. Como casi siempre se está agitando por ahí, se consiguió una corista de registro vocal similar que la cubre casi todo el espectáculo, cuando no tira directamente pistas grabadas. Supongo que el género permite estas licencias, aunque si lo hubiese hecho una banda en serio probablemente los medios no hablarían de otra cosa.

Pero una vez más, no era eso lo que vendía Madonna. Y promediando el recital las estrellas se fueron alineando. La gente empezó a ser poseída por el genio del dance, y para cuando sonó “La isla bonita”, clásico de clásicos adaptado a matices mitad balcánicos mitad españoles, ya la mayoría estaba bailando con entusiasmo.

Menciono al pasar un par de obviedades demagógicas que vale la pena recordar. Cuando un músico dice que “Este es el mejor show que di”, o que “Ustedes son el mejor público”, suele ser mentira. Así debe haber sido en esta ocasión. Y la inmensa bandera argentina que inundó las pantallas durante el off the record “Don’t cry for me Argentina” se la bajaron de Google imágenes 10 minutos antes del show.

Un último comentario con mala onda: nadie creyó es sketch del flaco que pide un tema al final del show. Está arreglado, es siempre el mismo, y nadie, pero nadie, creyó que Madonna realmente iba a hacer cualquier tema que le pidieran. Pero así como disfrutamos Duro de Matar aunque sabemos perfectamente quién es bueno y quién es malo, quién muere y quién no, las dos horas de Madonna en ningún momento aburren, y la única palabra justa para definirlas (a pesar del cinismo que no puedo evitar) es: espectacular.

(redacta, firma y se hace cargo de las opiniones, tanto de las justas como las injustas, las fundamentadas y las arbitrarias: Nicolás Harry Salvarrey)

(Fotos por: Fernando Pérez Ré)

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