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#Escritores Gisele Sousa Dias y Pablo Bertuzzi: “Linternitas para todos”

#Escritores Gisele Sousa Dias y Pablo Bertuzzi: “Linternitas para todos”

13 Abr

La cuarentena atraviesa y transforma absolutamente todo. ¿También la muerte? Hablamos con Gisele Sousa Dias sobre la muerte de su suegro, Gino, “de otra cosa” en plena pandemia. Cómo fue vivir esa situación, el texto hermoso que escribió su pareja, cómo dejó Gino marcados a todos los que lo conocieron y todo lo que nos hace preguntarnos.

¡ESCUCHALA ACÁ!

¿Querés leer la nota de Gisele Sousa Dias? ¡HACELO ACÁ!

 

Este es el texto que leímos al aire:

*Linternitas para todos*, Pablo Bertuzzi, sobre su papá, Gino

Hace algunos años, unos meses antes de cerrar la ferretería, pasé a buscar a Gino, mi papá, por el negocio de la calle Alsina. Fue un sábado al mediodía; íbamos juntos a almorzar a lo de mi vieja, su mujer.

Recorrer esas 5 cuadras y media con él, ya con su paso lento, era toda una jornada. Paraba cada 3 veredas a saludar a alguien. Me fastidiaba: yo quería llegar y comer. Sentía que estaba haciendo la caminata a Luján.

Ese día, en Mitre y 25 de mayo, se veía a lo lejos un señor en una silla de ruedas. Estaba en el medio de la vereda; claramente estaba pidiendo una ayuda.

Mi viejo metió la mano en uno de sus bolsilllos y me dijo: “Este es uno de mis ahijados adoptivos”.

¡¿Qué ahijado?!, pensé yo. ¡¡¡Dale que no llegamos más!!!

En los 10 metros que debíamos recorrer hasta llegar al muchacho, me contó que tenía diabetes, que había perdido una pierna y un ojo y que cuando era muy chiquito se la pasaba dando vueltas por el Hogar Obrero, una cooperativa que estuvo en la calle Italia en la década del 80. Para mí era como un pequeño shopping: abajo tenía un gran supermercado y, arriba, 2 plantas de negocios.

El viejo tuvo una ferretería ahí. Me recuerdo jugando por las escaleras mecánicas. ¡Me parecían la Nasa esas escaleras!

En ese entonces, el muchacho de la silla de ruedas era un niño que se la pasaba girando junto con otros chicos de la calle por el Hogar Obrero. A diario, pegaba las manos sucias en la vidriera de la ferretería y miraba una linterna.

Un día mi viejo se la regaló y luego tuvo que aclarar a los de Seguridad de abajo, de la entrada, que el chico no se la había robado. Finalmente llegamos a los pies de la silla de ruedas. Mi viejo le dio un billete, le hizo un chiste, los dos sonrieron y hablaron del tiempo. Yo estudiaba el deterioro que hace la diabetes en alguien que vive en la calle. También pensaba: ¡¡¡no llegamos más!!!

Cuando finalmente nos alejamos y ya estábamos 5 metros más cerca del almuerzo, desde la esquina se escuchó un grito: “¡Ehhhhh! ¡Todavía la tengo la linterna, eh!

Ese día me di cuenta de la importancia, el impacto y la huella que pueden dejar pequeñas cosas en la vida de los demás. Quien lo conoció, sabe que el viejo iba dejando pequeñas luces en la vida de los que se cruzaba. Linternitas. ¡Hoy quisiera caminar esas 5 cuadras y media con vos y que no se terminen nunca!

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